sábado, 29 de agosto de 2026

Santa Margarita de Escocia

 



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JUSTO Y RAFAEL LÓPEZ MELUS, Apostolado de la Prensa, Sevilla p.19 - 20

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Con Carmen Arcas, Isabel Olmos  y Aurora Llamas: presentación del libro 'Literatura religiosa del s. XVI'

IES JIMÉNEZ DE LA ESPADA, Sala de Profesores, Vidriera del Espíritu Santo por Fco. Javier Andreo

Fiesta de Santo Tomás de Aquino, entrega de premios a los alumnos, ganadores de los diferentes certámenes y presentación de la Revista sobre el dominico Sto. Tomás de Aquino por el Director del Centro Ricardo Alarcón Buendía 

En cartas a sus hijas, Felipe II (que escribió más de seis mil a lo largo de su vida, muchas de ellas en el archivo del palacio Doria-Pamphili, vía del Corso, en Roma) cuenta cómo le encantaba escuchar los sermones en Lisboa de un Fray Luis ya viejo, casi ciego y desdentado.


Fray Luis de Granada -conviene recordar- es uno de los más brillantes escritores de la lengua castellana. Para algunos, el mejor de nuestros escritores. «Fray Luis de Granada -escribió Azorín- no escribe; es decir, empapa su subconsciencia de arte, polariza hacia el arte toda su personalidad, no necesita pensar cómo va a escribir. Escribe sin pensar. Su sensibilidad va directa de los nervios a las cuartillas. Por eso no hay en nuestra literatura estilo más vivo, más espontáneo, más vario y más moderno».

Leer a Fray Luis de Granada es un verdadero placer. Conservo como oro algunas de sus obras: La Guía de Pecadores (que dedica a la Muy Magnífica Señora doña Elvira de Mendoza, en Montemayor el Nuevo), dos ediciones de la Vita Christi, la traducción del «Contemptus Mundi», de Kempis, y la Introducción del Símbolo de la Fe, mi preferida literariamente. Son muchas más las que escribió, el granadino fue un escritor prolífico y un altísimo intelectual, que renunció a obispados y prebendas por su trabajo. No fue un místico, aunque sí hombre de oración, y sobre oración escribió obras memorables, conocidas en todo el mundo. Con Erasmo coincidía -como ha escrito Bataillon- en la supremacía de la oración mental. Fue un gran hombre de fe, un gran misionero cuya impronta recayó en figuras como Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz; y el mismo Fray Luis de León, desde la cárcel, se cuenta pidió como consuelo a sus soledades su Libro de la Oración y Meditación... Un maestro espiritual.

Falleció Fray Luis en Lisboa el 31 de diciembre de 1588 y sus restos descansan en la iglesia de Santo Domingo de aquella ciudad, en rico monumento de mármol blanco y jaspes de diversos colores costeado con limosnas recogidas por el también dominico español de aquel convento Fray Gaspar de Toledo. Su fama es universal. Se merece este recuerdo.

Tomado de Internet: José Asenjo Sedano (ABC)

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