domingo, 9 de marzo de 2014

Santa Catalina de Siena

                             

Santa Catalina de Siena (Salcillo)

          Por tanto, los dos primeros sermones explicarán las virtudes eximias de nuestra virgen, y los dos siguientes expondrán los singulares y verdaderamente admirables dones de Dios. En ellos hemos copiado casi al pie de la letra y en estilo sencillo muchas cosas de la historia de su vida como se contenían en ella, dejando a juicio del lector estudioso, qué es lo que en ellos debe subrayar y ponderar principalmente. Sin embargo, me parece a mí que en tres cosas debe observarse, en primer lugar, la inmensa bondad y caridad de Dios, que muestra con aquellas almas que se entregan todas plenísimamente a su amor y obediencia. Porque la consideración de esto nos excitará mucho al amor de una tan grande bondad y caridad. Yo de mí puedo confesar ciertamente que habiendo leído en todas partes muchas cosas sobre la amplitud de la bondad y caridad divinas; con todo, nada he leído, después del misterio de la Encarnación del Señor, que me haya mostrado una señal mayor de la bondad y caridad divinas que las acciones de esta virgen y los privilegios singulares que le concedió el Señor. Quizá habrá otras cosas que muevan más a otros y que sean más poderosas para conseguir esto, mas, por lo que a mí toca, no puedo negar que según mi alcance y condición, así me ha sucedido.


FRAY LUIS DE GRANADA, Obras Completas, t. XLI, F.U.E., Madrid 2004, p. 18-19

sábado, 8 de marzo de 2014

San Juan de Dios

       Dos hombres aventajados de la Iglesia que, convivieron la primera mitad del XVI, cuyos calificativos aclaran su “currículum”. A ambos los unió Granada, a la que amaron apasionadamente, acabando por honrarla, fray Luis pregonándola para siempre con la adopción de su mismo nombre, Juan de Dios realizando en ella su obra de misericordia. Granada tenía otros títulos que la inmortalizaran, pero estos dos seguidores de Cristo la universalizaron dentro del Catolicismo.
       Los enlazó la solicitud pastoral del admirado apóstol de Andalucía, maestro en el profundo discernimiento de espíritus, Juan de Ávila, al que tanto debieron los dos.
          Los hermanó Portugal, donde nace Juan de Dios. El insigne dominico pasa a Portugal en la que entre glorias y cruces vivirá sus tres últimas décadas.
Pero sobre todo los une la causa del Evangelio, que traspasa fronteras. Tienen un solo ideal, Jesucristo, a quien siguen fielmente, con la palabra escrita fray Luis, con las obras de misericordia Juan de Dios.
           En 1585 aparecía la vida de Juan de Dios, escrita por Francisco Castro, de ella dice fray Luis, en la Vida de Juan de Ávila:

Al fin de todos estos llamamientos pondré el de Juan de Dios, del cual había mucho que decir si no estuviera escritpta su vida, y muy bien escripta[1].

Tomado de: MATÍAS DE MINA, San Juan de Dios y Fray Luis de Granada, en Actas del Congreso Internacional en Granada Sep. 1988, ed. Universidad de Granada, 1993 p. 91-3





[1] FRAY LUIS DE GRANADA, Obras Completas, t. XVI, F.U.E. Madrid 1997 p. 104

miércoles, 5 de marzo de 2014

Dicite justo quoniam bene

          Dicite justo quoniam bene[1].  Quiere decir: Decid al justo que bien. Esta es una embajada que envió Dios con el Profeta Isaías a todos los justos: la más breve en palabras, y la más larga en mercedes que se pudiera enviar. Los hombres suelen ser muy largos en prometer, y muy cortos en cumplir; mas Dios, por el contrario, es tan largo y tan magnífico en el cumplir, que todo lo que suenan las palabras de sus promesas, queda muy bajo en comparación de sus obras. Porque ¿qué cosa se pudiera decir más breve que la sentencia susodicha: Decid al justo que bien? Mas ¡cuánto es lo que está encerrado en esta palabra bien! La cual pienso que por eso se dejó así sin ninguna extensión, ni distinción, para que entendiesen los hombres que ni esto se podía extender como ello era, ni era necesario hacer distinción de estos, ni de aquellos bienes; sino que todas las suertes y maneras de bienes, que se comprehenden debajo de esta palabra bien, se encerraban aquí sin alguna limitación. Por donde así como preguntando Moisén a Dios por el nombre que tenía, respondió que se llamaba: El que es[2], sin añadir más palabra, para dar a entender que su ser no era limitado y finito, sino universal, el cual comprehendía en sí todo género de ser y toda perfección que sin imperfección pertenece al mismo ser, así también aquí puso esta tan breve palabra bien, sin añadirle otra alguna especificación, para dar a entender que toda la universidad de bienes que el corazón humano puede bien desear, se hallaban juntos en este bien: el cual promete Dios al justo en premio de su virtud.


FRAY LUIS DE GRANADA, Obras Completas, t. VI, F.U.E., Madrid 1995, p. 21



[1] Is 5, 10
[2] Ex 3, 14

martes, 4 de marzo de 2014

Carta de Euquerio


Pues ya levanta los ojos, y del piélago de los negocios en que estás engolfado, mira a a playa de nuestra profesión, y endereza a ella la proa. Solo este puerto hay que te acojas de las peligrosas ondas del siglo y donde descanses de las continuas tormentas del mundo. A este conviene que gobiernen los que son fatigados de las tempestades del bravo mar. Aquí no se oyen los espantables bramidos del agua, ni sus olas  levantadas llegan a este seno: mas siempre se halla en él tiempo sereno y quieta bonanza. Cuando a este puerto llegares después de los baldíos trabajos pasados, echa el áncora de la esperanza[1], y coge la vela en la antena puesta en la figura de la cruz del Señor, y respira seguro. Pero ya la justa medida de epístola demanda el fin de esta carta. Recibe esta suma de celestiales preceptos y manojo de mandamientos divinos apretados en breve doctrina a gloria del mesmo Señor, y de los que hubiere errado me perdona.

Y porque no quiero para mí la gloria de esta traslación, que es muy muy elegante, el intérprete fue el R.P. Fr Juan de la Cruz, que es en gloria: el cual para esto tenía especial gracia, como se ve por otras traslaciones suyas. VALE.


FRAY LUIS DE GRANADA, Obras Completas, t. VI, F.U.E., Madrid 1995, p. 511-, 532-3




[1] Hb 6, 19

miércoles, 26 de febrero de 2014

Carmen Arcas Ruano

Cuando se estaba organizando el Curso Conocer los clásicos de la C.A.M. en 1987-88, Doña Carmen Arcas, Jefe del Departamento de Literatura del Instituto Jiménez de la Espada de Cartagena, me encargó que comentara la obra de fray Luis de Granada.
Como no sabía mucho del tema, solamente que escribía sobre la naturaleza y poco más, mi compañera me animó a que leyera el libro de Azorín Los dos Luises, como preparación  para la charla, además de la obra de su profesor en la Universidad de Madrid Dámaso Alonso De los siglos oscuros al de Oro. Con esto le pareció que iría bien orientada para hablar de los textos que iluminaran los datos procedentes de los manuales de Historia Literaria al uso.
Ella misma me dejó los libros sacándolos de su propia Biblioteca. Di la conferencia, y salí del paso a pesar de los nervios, tengo que reconocerlo.
Muchas veces hemos recordado ese momento que sucedió un día normal entre clase y clase, en la Sala de Profesores del Instituto de Bachillerato donde impartíamos Literatura española a adolescentes sin número.
En agradecimiento por aquel encargo, me gustaría traer a esta página un texto donde Carmen, feliz escritora de cuentos, novelas, poemas, e historias, recrea la trágica aventura de Aníbal aquí en Cartagena donde empezó:

En tanto, Flaminio fue elegido cónsul plebeyo. Era evidente para éste que los cartagineses iban hacia Roma; por ello, después de su nombramiento, no perdió tiempo en sacrificios rituales. Partió veloz hacia el norte –aun en contra de la opinión del Senado- para asumir sobre el terreno el mando del ejército. Los alcanzó por fin al tiempo que marchaban por los valles de Arezzo. Pero no bajó a terreno despejado que era la trampa tendida por Aníbal. Allí las caballerías númida y celtíbera hubieran desorganizado a las legiones. Envió rápido aviso para que se le uniera el otro cónsul, Servilio. Aníbal se enteró de ello a través de espías.

Junto al lago Trasimeno leves ondulaciones caían en algunos extremos como roquedas a pico sobre el agua. La tarde fue calurosa y prolongada. Fina niebla ocultaba a trechos el lago, cuyas aguas, fulgían como una esmeralda. Aníbal inspeccionó largamente el lugar. A trote menudo descendió con su escolta desde la loma y retornó al campamento mientras que una patrulla de númidas aseguraba que la reunión de ambos cuerpos del ejército enemigo era inmediata. Los buhoneros seguían al ejército romano con sus carros para cargarlos con el botín tomado en la inminente batalla y aprestaban cadenas para los esclavos.

CARMEN ARCAS RUANO, Aníbal, el hombre y su máscara, ed. CajaMurcia Cartagena 1993, p.16


Carmen Arcas en la presentación de su libro sobre Aníbal
      
Recién descubierta América, fray Luis desde su celda de Lisboa se imagina al mismo capitán, cuando está escribiendo el Tratado del modo de catequizar, tras el Sumario de la Introducción del símbolo de la fe, de la manera siguiente:
   
    Pues viendo yo que en esta edad se abren tantas puertas entre los gentiles para la dilatación de la fe, porque me cupiese alguna partecilla en esta obra de tanto merecimiento, quise al fin de este libro servir con mi cornadillo, escribiendo este breve tratado en que se declara el modo que se podrá tener en enseñar y persuadir nuestra santa fe a los infieles, aunque acometí esto no sin alguna confusión y vergüenza mía, porque me vino a la memoria el poco caso que hizo aquel famoso capitán Aníbal de un gran filósofo, el cual no habiéndose hallado en alguna guerra, presumió tratar del arte militar delante de un capitán que tantos años había peleado con el pueblo romano, vencedor del mundo, teniendo por loco a quien sin experiencia de la guerra trataba de ella a un capitán tan experimentado. Digo esto porque, estando yo arrinconado en una celda, quiero enseñar de la manera que se podrán proponer los misterios de nuestra fe a los que traen las manos en la masa, y a quien la divina gracia habrá enseñado lo que la especulación sola sin experiencia no alcanza.

FRAY LUIS DE GRANADA, Obras Completas t. XIII, F.U.E. Madrid 1997, p. 446-447

La Rhetorica ecclesiástica

PERÍODO DE LOS GRANDES ESCRITORES MÍSTICOS (1554-1585)

      Fray Luis de Granada, en su Rhetorica ecclesiastica (Lisboa, 1576), quiere poner, según ideas fomentadas por la Con­tra-reforma, todo el arte de la Antigüedad al servicio del catolicismo. Así, utilizando continuamente las doctrinas de Aristóteles, Cicerón o Quintiliano, cree que la elocuencia debe provocar la admiración de los oyentes, según dicen esos autores; pero al hermanar lo pagano y lo cristiano, utiliza también las enseñanzas de san Agustín: antes que aquella admiración, el que enseña debe buscar el provecho del oyente; nada importa la pureza del lenguaje si no es bien comprensible; el refrán griego lo dice, «habla tan basto como quieras, con tal que hables claro»5.

      Y lo mucho que Granada se inclinó al concepto de san Agustín lo indica el maestro Francisco de Medina, quien encomiando con orgullo a su coetáneo y coterráneo, le juz­ga sin embargo como «orador divino» que descuida las cosas del suelo y «las disciplinas humanas»6. Pero Medina, pre­ocupado con la reforma de la lengua literaria propugnada por la escuela sevillana, es injusto al no reconocer altos mé­ritos humanos en fray Luis de Granada, el primer escritor que hizo sentir toda la fuerza oratoria de que era capaz la lengua vulgar. Se le llamó el Cicerón de España 7. Fue el primero que trabajó esforzadamente por dotar a la lengua escrita de un periodo amplio, de rotundez oratoria y silo­gística, para superar las cláusulas cortas y sencillas de la conversación familiar. Es verdad que en su gusto por las grandes estructuras abusa de la subordinación sintáctica en vez de la coordinación, sobre todo abusa de la subordina­ción mediante el relativo el cual 8; pero este y otros descuidos no nos quitan de apreciar su grandilocuencia unas ve­ces, su emotividad poética otras, y aquella constante «lin­deza, gravedad y fuerza en el decir (notada por Ambrosio de Morales), que parece no quedó nada en esto para ma­yor acertamiento»9.

      Fray Luis, además, nos interesa como valiente defensor de la lengua vulgar. A poco de publicar él sus primeras obras, el Libro de la oración y meditación, 1554, y la Guía de pecado­res, 1556, suscitaba una tempestad inquisitorial otro libro en romance del Arzobispo de Toledo fray Bartolomé Carranza, el Catecismo cristiano, 1558. Mientras los autores protestantes, empezando por Lutero y Calvino, se esmeraban en perfec­cionar el estilo de sus lenguas maternas prescindiendo del latín, los teólogos católicos solían mirar con invencible recelo los escritos religiosos en lengua vulgar, por el peligro exis­tente en divulgar doctrinas que no podían ser comprensibles a los no preparados para entenderlas, y que, por ejemplo, corrían peligro de conducir a la mística herética de los «alumbrados», entonces alarmante. El dominico Melchor Cano, que tanto se había distinguido en el segundo perio­do del Concilio de Trento (1551-52), donde precisamente Carranza había tratado la conveniencia de prohibir la Biblia en lengua vulgar10, llevado de su carácter extremista, dicta­minó duramente en España contra sus dos hermanos en religión; y uno de los principales cargos que les hacía era contra Carranza «porque su Catecismo da a la gente ruda, en lengua vulgar, cosas dificultosas y perplejas», y contra Granada porque «por el provecho de algunos pocos da por escripto doctrina en que muchos peligrarán» 11. El Inquisidor General Fernando de Valdés, otro extremista, encarceló al Arzobispo (que recluido acabó su vida) e incluyó en el índi­ce de libros prohibidos, de 1559, las obras de Granada. Pero éste, más afortunado que Carranza, libró con dar una nue­va redacción a su Guía de pecadores, 1567, y prosiguió incan­sable la publicación de obras en romance, justificándolo en un Prólogo galeato, donde defiende la necesidad de divulgar las buenas doctrinas, «porque si son grandes los daños de los naufragios, son muchos mayores los provechos de la navega­ción» 12. Su opinión triunfaba; de sus obras se hicieron en pocos años de la segunda mitad del siglo XVI más de 300 traducciones en las lenguas vulgares de Italia, Francia, Ingla­terra, Alemania, Flandes y Polonia13. Así, Granada con sus argumentos y, sobre todo, con sus admirados libros defendió la lengua vulgar en el momento más crítico de la Contra-re­forma.

DIEGO CATALÁN: Historia de la Lengua Española de RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL (2005)

NOTAS
5  Traducción de la Retórica, en la ed. «BAE», XI, p. 571a y b.
6  En el prólogo al Garcilaso, Anotado por Herrera, Sevilla, 1580, p. 4.
7  R. Switzer, The Ciceronian Style in Fr. Luis de Granada, 1927.
8  Apunté ejemplos en mi Antología de prosistas. El mismo abu­so de el cual,en el padre Rivadeneira (R. Lapesa, en la RFE, XXI, 1934, p. 46.)
9 Morales, en la segunda edición de su Discurso, 1585 (véase en la «BAE», LXV, p. 382).
10 B. J. Gallardo, Ensayo de una B

Biblioteca Histórica de la Universidad de Murcia

Biblioteca: Colección Histórica


La Biblioteca de la Universidad de Murcia cuenta entre sus fondos con una importante colección de 

libros impresos en los siglos XV, XVI, XVII, XVIII y XIX, procedentes de la antigua Biblioteca 
Provincial, creada para albergar los libros procedentes de la Desamortización del siglo XIX.

El núcleo central de la Biblioteca se constituyó haciendo una selección de los fondos de dicha Biblioteca 
Provincial, entre los que cabe destacar 35 manuscritos, 16 títulos de incunables, 451 volúmenes del siglo 
XVI, 810 del siglo XVII, 1.383 del siglo XVIII, y 4.550 del siglo XIX. Las materias más usuales son 
filosofía, teología y derecho, aunque hay obras importantes de medicina y botánica, matemáticas, 
astronomía, etc.
Entre las obras de fray Luis de Granada que posee la Biblioteca mencionaremos:


* Concionum de praecipuis sanctorum...1584

* Guía de pecadores...1588

* Libro de la oración y meditación...1588

* Parte primera de la introducción del symbolo ...1584

* Silva locorum qui...1585

La Biblioteca Universitaria, con la colaboración de Banco Santander Central Hispano y la Fundación 
CajaMurcia, pretende promocionar e impulsar la digitalización del Patrimonio Bibliográfico de la 
Universidad de Murcia, preservando su contenido en formato electrónico, con la creación de la 
Biblioteca Digital Floridablanca. 

Con este proyecto de digitalización queremos difundir los fondos disponibles entre los ciudadanos de la 

Región de Murcia y los usuarios e investigadores de la comunidad universitaria, y garantizar al mismo 

tiempo su conservación y preservación. El contenido de la colección se irá incorporando 

progresivamente y estará accesible mediante el catálogo y la página web de la Biblioteca Universitaria
·