En las cigüeñas nos representó el Criador una perfectísima
imagen de piedad de padres para con sus hijos, y de hijos para con sus padres.
Porque los padres, además de mantener sus hijos en el nido, como hacen las
otras aves, usan de esta piedad con ellos, que cuando arde el sol de manera que
podría ser dañoso a los hijuelos ternecicos, extienden ellos sus alas, en las
cuales reciben los rayos del sol, y hácenles con esto sombra, siendo para sí
crueles, por ser para los hijos piadosos. En lo cual nos representan aquellas
piadosas entrañas y amor del Padre Eterno para con sus espirituales hijos, a
quien el psalmista atribuye esta misma piedad, diciendo que con sus espaldas les hará sombra, y recogerá
y guardará debajo de sus alas (Sal 90, 4). Y no menos representan la
grandeza de la caridad del Hijo de Dios, el cual recibió en sus sacratísimas
espaldas los azotes que nuestras culpas merecían, pagando, como él dijo, lo que
no debía ( Cf. Is 48, 4). Pues esta caridad que tienen las cigüeñas para con
sus hijos cuando son chiquitos, tienen los hijos para con sus padres cuando son
viejos y inhábiles para buscar de comer.
Porque pagan en la misma moneda el beneficio que recibieron, manteniendo sus
viejos padres en el nido con todo cuidado. Y cuando es necesario mudarse para
otra parte, los buenos y agradecidos hijos, extendiendo sus alas, toman a los
viejos encima, y múdanlos para el lugar donde han de morar. En lo cual también
nos representan la caridad y misericordia de aquel soberano Padre para con sus
hijos, de quien el profeta dice que así
como águila extendió sus alas, y los trajo sobre sus hombros (Dt 32, 11).
URBANO ALONSO DEL CAMPO, Introducción y Selección de Textos
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